¿Es realmente cómoda la zona de confort?

Hay muchas personas interesantes que en estos días están comentando ideas sobre la zona de confort y me ha parecido que puede merecer la pena darle una vuelta desde el punto de vista personal.

La zona de confort es lo que podríamos decir que delimita nuestro control. Es el entorno en el que nos movemos. Un ámbito que dominamos. Lo son también nuestros hábitos, nuestras costumbres, horarios, rutinas, etc.

Lo curioso de la zona de confort es que no tiene porque gustarnos necesariamente. Es posible que incluso no nos guste o no nos llene interiormente, incluso que no nos parezca agradable en ocasiones. Pero no trastornan nuestro confort. No nos generan ansiedad por el cambio.

Profesionalmente te vas imaginando ya por dónde voy, ¿verdad?…

Justo al lado de esta zona de confort, está lo que podríamos llamar la zona de aprendizaje. En esta zona se ponen en jaque todos los pilares de la zona de confort. La comodidad y tranquilidad dentro de la zona de confort genera cierta ansiedad por la novedad, por la incertidumbre. Interiormente es posible reconducir estas sensaciones para modificar nuestros propios hábitos, incluso para mejorar costumbres que tengamos o aprender nuevas culturas. Lo que está claro es que si lo aplicamos al entorno de trabajo, es el lugar perfecto para probar, fallar, aprender, rectificar, conocer, mejorar, …

Hay personas que potencian mucho su zona de aprendizaje, mientras que otras se refugian en su zona de confort. Es algo que va unido a la personalidad y a nuestras vivencias. Lo que está claro es que a todos cuesta salir de la zona de confort, ¿qué duda cabe?

Si continuamos en esa línea, más allá de la zona de aprendizaje está lo que se llama zona de pánico o zona de los grandes retos. Es la menos explorada por lo que implica. Esta zona es una ruptura total con la rutina.

Existe mucho escepticismo hacia esta zona de los retos. Se tiende a pensar que cuando se avanza hacia ella, se puede llegar a estar muy lejos de la zona de confort. Que ir a por ella es jugársela con posible consecuencias. Cuando en realidad lo que pasa es que la zona de confort se agranda, se dilata. No nos vemos privados de ella, sino que la engrandecemos. El cambio ya no es mero cambio, es desarrollo, es mejora personal, ya que se viven cosas nuevas y se ponen en práctica. Por tanto, no se pierde, se gana. Con prudencia, por supuesto. No se trata de tomar decisiones a lo loco. Pero se trata de tener la valentía de enfrentarse a algunas de ellas.

Como respuesta al título del artículo, se podría decir que es necesario salir de la zona de confort con cierta frecuencia. Es necesario vencer el miedo, aunque implique pasarlo un poquito mal. A la larga eso se convertirá en terreno ganado. Serás más fuerte, estarás más preparado, con más experiencia.

Algunos ejemplos concretos para salir de la zona de confort en agilidad pueden ser:

  • Añade nuevas prácticas concretas para mejorar aspectos concretos. Por ejemplo, haz retrospectivas si en general el equipo hace lo que le dicen pero no emite opiniones.
  • Deja liderar la reunión diaria, pienso en la daily standup de Scrum. Cuando el equipo está formado y lleva haciéndolo un tiempo, puede ser dirigida por todo el equipo. No hace falta que alguien dé la palabra o la quite. Eso ayudará además a que la reunión no sea dar respuestas al Scrum Master, será una reunión de equipo donde nadie desde fuera podría decir quién es el Scrum Master.
  • Busca y presenta alternativas a la hora de usar herramientas de software.
  • Presenta tu metodología y frameworks a compañeros. Propón cambios a tu jefe. Por algún punto habrá que comenzar la revolución de la agilidad.
  • Ya desde el punto de vista personal: haz un curso, o más de uno, preséntate en un Meetup sin conocer a nadie pero donde compartes el interés por el tema, busca presentaciones sobre algo que te guste y pelea la asistencia, aunque sea cogiendo vacaciones (si no queda otra, ¿por qué no?), estudia un idioma, inicia un blog sobre algo que te guste y mantenlo actualizado, y un largo etc.
  • No te conformes con un no por respuesta. Recondúcelo hacia una conversación que enriquezca.
  • Viaja a un país con otro idioma.

En ocasiones salir de la zona de confort implica gasto de dinero. Pero quedarse con eso es una visión demasiado cortoplacista.  Sí, es un gasto, pero hay que pensar en la inversión. Esas pequeñas acciones te llevarán a dar grandes pasos de los cuales podrás enriquecerte y con los que agrandarás tu zona de confort. Si merece la pena, ¡adelante!

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